¡Señor!...
que
no se aparte
de
mi esta noche
el
fulgor de la vida.
Perturbada
en el dolor aciago
te
pido sujetar mi corazón
que
quiere huir
y
así aplacar
ese
enfermizo deseo
que
me ofusca, me arrastra,
y
hace perder el juicio.
¡Señor!
pon
tu mano
en
mi desmañada vida.
Diseñame
en este aire
amenzante
otro
camino, otras flores,
otro
horizonte,
donde
encontrar nuevo mar.
Dime...¿qué
quieres de mi?
ya
pagué el tributo
a
mi felicidad
¡No
me la niegues!
¡Señor!
rehace
tu obra en mi
que
es mal sueño
lo
que me toca vivir.
Se
dispersan los fragmentos
exaltando
los filosos bordes
de
cada pieza que cae.
Estaba
entera hasta ayer...
cuando
creía merecía
darme
una oportunidad
y
no fue así...
cayó
el velo receloso,
intrigante,
y
soterrado el dolor
abrió
sus fauces.
¡Señor!
¿estás...
ahí?...
¡sostiéneme,
ampárame!
en
esta orfandad
rastra
que sella
con
su insalubre bocanada
mi
agreste silencio
y
cáustica corroe
la reserva silvestre de mi.
Que
no decline
en
este mar de lágrimas
tu
amoroso consuelo
¿porqué
permites
que
lleve impreso el dolor
en
las huellas de mis dedos?
Malu
de Lujan

