...de nuevo con el corazón mutilado, vencido,
con la triste sensación
de volver a tener la soledad y la verguenza
como aprisionan mi voluntad.
Creí beber el fresco manantial
del amor nuevo, renovado,
pero el veneno de la decepción
habló más alto entre las sombras.
Quise creer en el alocado despertar
de mi corazón ansioso
sin pensar en los agravios,
quise creer en las palabras hilvanadas
que tejían amorosa historia.
Mi pecho absorto acuñó cada palabra
aceptando el peso de esa ola
que entre suspiros se agiganta.
Ese oleaje no me pertenece
porque va cargado de viento
y ese viento va hacia otro mar.
El vino se vuelve agua
la copa se vuelve fría
no hagas fiesta
mi corazón está de luto.
Vino eros a burlarse de una ninfa
a entretener su vivir
a distraer su sollozo
mirando mis sombras, mis cicatrices,
el llanto que vuelve púrpura mis mejillas.
¡Qué necia creer que lo merecía!
que vendría erguido a complacerme
a ofrecer un banquete de dioses
y desviar su nave para anclarse a mi puerto.
Pero a veces hay nueva instrucción...
y cambia el timón,
el barco se convierte en veleta frágil
llevada por la brisa.
Su atribulado capitán se deja envolver
y zarpa a nueva ruta!
¡Qué gran proeza!
el deseo combatiente avanza
nuevo y robusto brío acompaña
ya la antigua fuente se hace escasa
es necesario avanzar a la vanguardia.
Se repliegan las musas envolventes
y a lo lejos...callan.
Ya no avanzan hacia la luz
ni el dorado destello inmortal
porque está opaco su resplandor.
El bosque está nublado
poco se divisa entre celajes grises,
atardece abruptamente.
Me crié sin el regazo materno
no hace falta
pero bien vendría un abrazo
y el atavío de la luna que acaricie mi rostro
surcado de lágrimas,
-porque vaciar la tristeza hace bien-
ese reguero salobre se adueña
del abandono, el despecho,
y libera ardiente la ofuscación, el desencanto.
A veces los mortales son oscuros y débiles,
necios, engreídos, inseguros,
avanzan sin saber lo que quieren,
se equivocan, se tuercen, se arremolinan,
se esconden,
y en su ceguera no ven
cuando la justicia les ciñe el rostro
cuando la alegría inunda el alma
y la fragancia de jazmines rodea su jardín.
No quieran elevar plegarias
a los dioses cuando esto desaparezca.
Malu de Lujan

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