domingo, abril 15, 2012

Lirios y Amapolas




...no sé de dónde me viene despacio, con la frescura
del amanecer
y la tibieza del primer rayo ámbar
ése hálito amoroso que me envuelve
como manto de oro refulgente
como una voluta de humo
o un cintillo de estrellas.
Eres ese estallido que todo arrasa
ésa águila que cubre todos los cielos
exigiendo señorial su espacio.
No sé en la curva del silencio
cuánto tiempo hay dónde la noche
deposita el encanto de tu alegría
que incita a la mía.
Giran los astros, giran conmigo
en la oscuridad y me acercan
a tu constelación
donde pierdo los miedos.
Eres ése corcel que lleva una lanza
y la osadía para defenderme
de fieras y fantasmas
del relampagueo de feas palabras
y de cualquier enemigo que acecha
en mi ventana.
Me cubres con tu eternidad de miradas
y tu ternura me enlaza
en blasón de lirios y amapolas
que sostenidos ligeros
brillan en mi huerta.
Traes armadura asfaltada
y en tu pecho de ciervo
la luna descansa.
Refulge tu armadura
donde rebota el sol
desencadenando rayos
que esparces en la hondonada
de mi herida.
Se agita tu mano en el aire
empuñando en la penumbra
ese egesto que me aviza
que estarás ahí para mi
en la tormenta
que el entusiasmo debe ser mi guía
que no cierre mis ojos
ni me rinda
que habrá espacio en tu cañaveral
para que plante mi sigilo o mi grito
mi arrollo o mi sequedad
mi temblor o mi esperanza
como también mi sollozo
y mi abrazo.
No digas nada...
porque no sé dónde tu alma se deslumbra
ni el secreto que guarda
el misterio de tus ojos de niño
de inquieta mirada.
ni sé cómo alcanzar tu paso
desde la postración de mi cautiverio.
Sólo sé que se encienden luminarias
y me vuelves cierva mansa
o pantera brava
que se desdobla la visión
de frondosa agua
desaparecen los astros
y es más dulce el vino
y es más clara la mirada.
No digas nada...
con devota vehemencia
de los sentidos que se exaltan
¡que se calle el viento, el mar,
se detenga el tiempo, los relojes,
y las aguas,
mientras me desnudo el corazón
para decir
que no sé de dónde me viene
esa certeza de hierro
desde esas inexplicables alas
y ese sonar de campanarios
que el viento en mi oído atrapa.
Sumergida en mi sueño
en el temblor de suspiros en mi almohada
sin ahondar en el espasmo
que separa un abismo
como tenue murmullo delante de ti
derrumbando la torre de olvido
en susurro te digo...
lo que tu corazón sabe...
¡estoy aquí para amarte!


Malu de Lujan






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