Traía el tiempo en su bostezo indomable empeño
sobrevolando en mi horizonte
bajo la piel insomne de mis versos.
Cualquier día apareciste
como un clavel sin aguijón de pudoroso tallo,
instalando su raíz imperceptible
de color y sonido, de suavidad y misterio.
Sin encomendar el alma
sin previos secretos
abrí mi corazón y me dejé arropar
por tus silencios.
Me habitaba la noche de encarnado recelo
y envilecidos días sin reloj ni decreto.
Confusas señales, bocetos incompletos
desataban los llantos
rasgaban mil arpegios
en ánforas de luna de incierto destello.
Te desbordaste a mi
crecida de río y mares de besos
al compás inimitable
de una rosa de los vientos.
Cruzaste mi calle desnudo, sincero,
sin herejías ni ruegos
y se abrió mi flor, se rindió a tu juego
hasta quedar adormecida
cegada de luz, rendida, enamorada,
encallada a tu cuerpo.
Seremos uno hasta el confin de los tiempos
...y nada, ni nadie ahuyentará ese mandato
que bulle en el alma,
y se hace mil versos.
Malu de Lujan

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