Hermoso mío,
quiero tomar el camino del perdón y el olvido
buscar el secreto de nueva geografía
fuente de perfecta llovizna en altitud de miras.
Queda la añoranza limpia de un sentir claro
y el desconcierto ante el golpe de palabras
desafío de brizna pálida
pétalos de incertidumbre que dejas en mi almohada.
No quiero llueva óxido en mi cuerpo de arena
pero este torrente en cautiverio que desprecias
se desliza al vacío en tierra ajena.
Me destilas generoso, como antiguo molino
que atesora la siembra;
fresco pan, para esta hambre que me anega
y regocijas mi otoño y devoras mi espera,
pero desafías atrapando en el aire
ese círculo que se cierra
de un sentimiento que ajeno te doblega.
¿Porqué huyes?
si tu nombre tatuado junto al mío
no son símbolo de alarido
de una cárcel de piedra?
Te dejas llevar por el ego
y nada para tu corazón es suficiente
y no se entrega.
-reposan calladas a espaldas de la noche
y mi tristeza
las verdades que despellejan mi soledad verdadera-
pero soy tu inmerecida suerte
agua transformada y flor silente.
No huyas refugiándote
en otro mar, otro cielo, otro continente
rugiendo furioso, ausente
que el rocío de callado instante
que recorre tus venas
se transforma en mano levantada
o flecha hiriente.
No te asombren mis palabras
en el extremo del aire y flor naciente
pero busco disolver en la cordura
una herida que se abre y no florece.
¿Porqué te asusta que te ame
y levantas el filo de tu espada
en los puntos cardinales
donde el amor te enloquece?
No tengo el arrojo, ni el hábito
en mi frontera de pretender retenerte
y quitarle sus secretos al aire
ni el tañido al delta
ni el murmullo al nilo
ni la oración en el descanso o desespero
de un monje rebelde.
Voy en alazán que cabalga fiero
y así como entrego el capullo de mi afecto
puedo en la penumbra del olvido
aniquilar de mi piel su fuego,
No quiero me hagas caer
al cráter de tu desafecto
llevo en el alma la copla sincera
que no has descubierto.
No quiero ser juez de rígido aliento
y censurar el equinoccio de tu juego
pero como poeta...
-colibrí de plumaje pristino
que aletea en el resplandor de mi pecho-
me niego, sin brújula
que me lleve a puerto
ser una serpiente que se enrosca a si misma
en el tibio vaivén de tu sexo
y lamer inconforme
tibia de tu aliento
esa fruta esperada en el asombro
de una imagen que me devuelve el espejo.
Somos iguales almas
de iguales plegarias en el viento
y no bastardos vástagos
condenados al ardor de sátiro embeleso.
Yo te amo...
qué triste que no lo has descubierto.
Malu de Lujan
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